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Equipos de Liturgia Misioneros

La finalidad principal de la liturgia no es la evangelización. Más bien es al revés: «La finalidad de la evangelización es precisamente la de educar en la fe de tal manera que conduzca a cada cristiano a vivir -y a no recibir de modo pasivo y apático- los sacramentos como verdaderos sacramentos de la fe» (EN 47), es decir, a Celebrar la fe de una manera viva y auténtica. Pero cuando los que asisten a las celebraciones son personas alejadas y cristianos de fe muy débil y apagada, no podemos olvidar que la liturgia es también la manifestación más privilegiada de la fe de la Iglesia y, por tanto, medio aptísimo para despertar a ilustrar la fe de las personas.

Para lograr este objetivo es necesario:

a) Promover la participación plena, activa y consciente de los fieles. Para muchos de los alejados que asisten con respeto y cierta receptividad, la celebración realizada y vivida de manera auténtica, con una participación sentida por parte de los creyentes, puede tener una fuerza y un impacto evangelizador más fuerte que muchas palabras y discursos. Es la fuerza del testimonio creyente.

 

b) Cuidar las celebraciones. Para que las celebraciones puedan ser un anuncio evangelizador, es preciso prepararlas con esmero, extremar la acogida, potenciar los gestos y signos, cuidar el lenguaje, la homilía, los cantos, la música, las moniciones, de manera que conecten mejor con la sensibilidad, preocupaciones a inquietudes del hombre de hoy.

c) Aprovechar la demanda religiosa de la gente. De manera casi natural, la mayoría de nuestra población acude a la parroquia en los momentos claves de la existencia (nacimiento, matrimonio, enfermedad, muerte...). Esta demanda, que brota de la dimensión religiosa a veces, y cultural, otras, ofrece a las parroquias una gran oportunidad para evangelizar y ayudar a vivir de manera más digna y profunda el nacimiento, el amor, el sentido del dolor, la muerte, la esperanza final. Esto exige cuidar mucho más la preparación y celebración del Bautismo, el Matrimonio, la Unción de los enfermos, los funerales, etc

 

d) Purificar y orientar la religiosidad popular. Las manifestaciones populares de religiosidad (fiestas, devociones, costumbres religiosas, patronales, procesiones...), que muchas veces tienen el peligro de convertirse en deformaciones de la religión o en meras manifestaciones culturales, son también portadoras de muchos valores evangélicos y hasta constituyen la forma popular de expresar la fe en el Evangelio. Por eso pueden ser un instrumento misionero muy apto. Pero a condición de que nos esforcemos por realizar las tres acciones que aconseja Evangelii Nuntiandi respecto a la religiosidad popular: ser sensible a ella, saber percibir sus dimensiones interiores y sus valores innegables; ayudarla a superar sus riesgos de desviación; y orientarla mediante una pedagogía de evangelización para resaltar sus contenidos cristianos.

e) Fomentar la devoción a la Virgen María. Alguien ha dicho que la Virgen evangeliza siempre, «con los curas, sin los curas o contra los curas». Aunque la devoción a la Virgen necesite en muchos casos de la misma purificación a la que nos referíamos en el apartado anterior, no podemos minusvalorar el lugar central que ocupa María en la vida de la comunidad cristiana y en su misión. Si para evangelizar se necesitan fórmulas sencillas y atractivas del mensaje evangélico, en ella tenemos, no una fórmula, sino una persona que lo encarna y trasluce con una fuerza de irradiación única.

 

¿Cómo puedo hacer más Misionero mi Equipo de Liturgia?

 

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A continuación mencionamos varias maneras posibles de incluir la dimensión misionera en nuestro servicio en la Liturgia:

* Aprovechar las manifestaciones de religiosidad popular (novenas, vía crucis, procesiones, devociones, visitas a santuarios, etc.) para evangelizar, procurando que los guiones sean kerygmáticos y adecuados a la realidad, necesidades e inquietudes de la gente.

* Aprovechar la celebración de los bautismos y matrimonios, como así también la dispensación de la unción de los enfermos y los funerales para evangelizar a quienes participan de los mismos, entendiendo que muchos de los que participan de estas ceremonias, son las únicas veces que se acercan a la Iglesia.

* Tener siempre presente en los guiones de Misa la dimensión misionera, animando a los fieles a dar testimonio de su fe, principalmente ante los no cristianos y los alejados.

* Incluir entre las intenciones de la Oración de los Fieles, el pedido por los no cristianos, los alejados y por las vocaciones misioneras.

* Destacar la dimensión misionera de las distintas fiestas y solemnidades a lo largo del año litúrgico. Por ejemplo, en Pascua, la imperiosa necesidad de comunicar a los demás la Buena Noticia de la Resurrección; lo mismo en la Navidad; en la Ascensión, la permanente validez del mandato misionero; en Pentecostés, la fuerza del Espíritu Santo que nos impulsa a la misión; en la Epifanía, cómo la sagrada familia muestra a Jesús al mundo, como debemos hacerlo nosotros también; etc.

* Celebrar de manera especial el Octubre Misionero y en particular la Jornada Mundial de las Misiones el segundo domingo de octubre, y realizar la Colecta Mundial por las Misiones. Se puede ornamentar el templo durante este mes con los colores de los continentes y con frases misioneras.

* Celebrar de manera especial las fiestas de los Patronos Misioneros: María Reina de las Misiones (31 de mayo), San Francisco Solano (14 de julio), Santa Teresita del Niño Jesús (1 de octubre) y San Francisco Javier (3 de diciembre).

 


e-mail: portalmisionero@hotmail.com